
“La nanotecnología tiene la capacidad de mejorar la calidad de vida de las personas”, aseguró Samuel Stupp el miércoles en el Centro Nacional de Alta Tecnología, en Pavas.
Ante un auditorio con decenas de científicos y entusiastas, este químico, nacido en Tiquicia, explicó los principios de esta tecnología que se dedica a construir las cosas “de abajo hacia arriba”, molécula por molécula, creando estructuras entre uno y 100 nanómetros – más pequeñas que el grosor de un cabello–.
Luego el exalumno del Liceo de Costa Rica ahondó en algunas de las pioneras investigaciones que desarrolla desde el Instituto de BioNanotecnología que él dirige en la Universidad de Northwestern, en Chicago, Estados Unidos.
Moléculas capaces de restituir la capacidad cardíaca de un ratón tras un infarto y otras que logran impedir la parálisis tras una lesión en la espina dorsal, son algunas de sus esperanzadoras creaciones.
Moléculas sanadoras. Stupp usa la nanotecnología para crear moléculas que hacen que la célula haga cosas que no le son naturales.
“Cuando una persona es ciega o tiene parálisis, buscamos cómo hacer para que las células hagan lo que no pueden hacer y permitan volver a ver o a caminar”, explicó .
En el caso de una lesión en la espina dorsal, la parálisis suele aparecer porque los axones, el nervio que conecta el cerebro con la extremidad y envía la señal de movimiento, son cortados por una especie de “callo” que forman unas células en torno a la lesión.
En el laboratorio, Stupp y sus colegas idearon una molécula que, cuando es inyectada en el lugar de la lesión, inhibe la presencia de las células que causan el “callo”.
En experimentos con ratas a las que se les administró una inyección con esas moléculas en las primeras 24 horas tras la lesión, los roedores evitaron perder la movilidad en sus piernas.
Otra invención de Stupp es una molécula capaz de incentivar la producción de vasos sanguíneos, ideada para restituir la función del músculo cardíaco tras un infarto.
La estrategia sirve. Los ratones infartados que recibieron la inyección lograron restablecer casi por completo la capacidad de bombeo de sangre de sus corazones, mientras que los que no recibieron la terapia disminuyeron a la mitad su capacidad cardíaca.
Las moléculas de Stupp están siendo probadas en otros animales para evaluar si se puede seguir con pruebas en humanos."
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